Swing más que baile: estilo de vida

El Lindyhop, el estilo más popular dentro de los bailes de swing, tiene más seguidores que nunca en nuestro país. Se empieza bailando y  se termina atraído por su música, sus figuras, su buen rollo y hasta su estilo. Muchos entendidos afirman que es mucho más que un baile. es una terapia. Según un estudio de la Arizona Lindy Hop Society (la misma que propone la práctica en los colegios) afirma que “incrementa la autoestima, mejora la percepción del entorno, potencia el ejercicio físico y disminuye las dificultades de relación y comportamiento”.

Quizás por esta razón, en los últimos años se han abierto más de una veintena de nuevas escuelas y los números de lindyhoppers no paran de crecer. Se estima que hay más de 3.000 (de los 40.000 que existen en el mundo), principalmente en Madrid, Barcelona, Valencia y Vitoria.

El fenómeno llegó a España a finales de los años 90 de la mano de Lluís Vila. Según los lindyhoppers los motivos de su rápida acogida son variados: “Te divierte y da mucha flexibilidad para ensayar nuevos pasos. Y en cuanto te apuntas a festivales internacionales, te permite viajar de forma diferente”, comenta Víctor Morón, del grupo Lindy Hop Donosti de San Sebastián. “Te da la oportunidad de conocer gente y promueve comportamientos como la fraternidad y la empatía”, afirman Pablo Sánchez y Julia Rodríguez, de la escuela Big South de Madrid.

Pero el descubrimiento del Lindyhop se remonta a los años 20, en pleno periodo de entreguerras, en un momento en el que la población necesitaba desconectar, saltar, llenarse de alegría y de buenas vibraciones. De ahí su libertad de movimiento, una mezcla entre los ritmos afroamericanos (fueron ciudadanos afroamericanos quienes lo popularizaron) y el charleston.

No hay más reglas que seguir la música, guardar la conexión con la pareja (aunque no siempre) y sonreír. Al principio, como decía Frankie Manning, uno de sus mentores, la gente queda atrapada por la parte más espectacular del baile, «pero en cuanto uno entiende que hace falta dialogar con el cuerpo, controlar la técnica para llegar a interpretar y al mismo tiempo soltarse, este estilo se convierte en una escuela de vida».

life

La historia del Lindy Hop nos lleva a Estados Unidos, a la historia de la aviación: “lindy” fue el diminutivo otorgado a Charles Lindberg, primer piloto en cruzar el océano Atlántico, de América a Europa, en un vuelo sin escalas y “hop” se refiere al salto que dio de costa a costa. La historia del Lindyhop se divide en tres periodos: el primero, su surgimiento, desarrollo y consolidación que nos hace viajar al Nueva York de los años 1927 y 1945. Es la época de los salones de baile de Harlem: el Savoy, el Cotton Club, el Roseland y el Apollo Theater al mismo tiempo que la expansión de las big bang )como la de Chick Webb, con la gran Ella Fitzgerald al frente, la orquestra de Bennie Goodman o Count Basie). Debido a su alta repercusión, el 23 de agosto de 1943 la revista Life le declaró baile nacional. En la segunda etapa, de 1945 a 1980, llegó el momento del parón, debido a la crisis postbélica y a la subida de los impuestos a los clubs de música. Las bandas desaparecieron y el Lindy Hop fue substituido por otros bailes como el rock’n’roll, el bebop o el cool jazz. Fue en la tercera etapa, desde 1980 hasta la actualidad donde empezó a revivir, primero en Estados Unidos, Reino Unido y Suecia y posteriormente en el resto del planeta. El cine ha sido un gran aliado en este crecimiento con películas como The Artist o El gran Gatsby.

Aunque en España todavía no ha llegado el boom de la ropa swing, en Londres ya es tan importante como vistes que como bailes. Desde sus incios, el Lindyhop se asocia a una estética muy particular y sus fieles seguidores se visten de la misma manera que lo hacían los que paseaban por el Savoy los años 30 y 40. El swing ha permitido que prolifere el negocio de la moda retro. “Se llevan los estilismos que puedan recordar los tiempos en los que surgió el lindy hop, pero teniendo en cuenta que vivimos en el siglo XXI. Es decir, hay que actualizarlos”, cuenta Sonia Ortega, pareja de Héctor Artal, y ganadora, además, del tercer puesto de All Star Strictly Lindy de los Campeonatos del Mundo de este año.

Los lindyhoppers acuden a las marcas especializadas como Susie Sweet Dress, la gran firma para chicas. También suenan los nombres barceloneses de Kova Marron y Xenia Cruz. «Lo normal es que para bailar al aire libre ellas vayan con vestidos ligeros sin demasiados complementos. Sin embargo, si se acude a locales como la Sala Apolo de Barcelona –uno de los clubs actuales donde se vive el swing– es fácil ver tanto a hombres como a mujeres con estilismos muy trabajados», asegura Elena Segura, bailarina desde hace cinco años.

En Madrid, Gastón Fernández y Alba Mengual, profesores fundadores de la escuela Big Mama Swing, son muy cuidadosos con su vestuario. «Cuando voy a Bélgica, compro las pajaritas en Helena Verheyen, pero para mí lo fundamental es invertir en los zapatos. Por eso, cada vez que viajo a Buenos Aires paso por Correa, donde los fabrican a mano», explica Gastón. Alba prefiere comprar en Madrid: «Lovely Retro, Tocado y Hundido, Lady Cacahuete y el mercado de Fuencarral son mis favoritos». Carla Stinus e Isa González, profesoras de la escuela madrileña En Modo Swing, están de acuerdo con Alba: «En la capital tenemos suerte. ¡Hasta podemos encontrar Keds, eso hace tres años era imposible!». Las Keds son las bambas más utilizadas porque su suela es la que más desliza, aunque muchos usan también Victoria o Vans. Las que se atreven con tacones suspiran por unos Re-mix o Dis’n’roll y ahora, además, por unos Slide and Swing, una nueva firma catalana. Para rematar el estilismo, y en especial el peinado y maquillaje, también hay bibliografía de referencia. Art Deco Hair: Hairstyles from the 1920s & 1930s (Vintage Living, 2013), 1940s Hairstyles (2001), ambos de Daniela Turudich, y Art of Finger Waving – Recreating Vintage 1920s and 1930s Hairstyles, de Paul Compan (2007), son los más consultados.

El 11 y 12 de octubre, se celebró el festival Stompyourfeet en Barcelona. Skye Humphries, considerado el mejor bailarín del mundo, impartirá un intensivo de jazz stepsjunto a la francesa Tatiana Udry. El certamen está organizado por Laia Puig y Gus Jakobsson, una de las parejas de lindy con más proyección internacional de España junto a Héctor y Sonia, Gastón y Alba, Xavi Recuenco y los valencianos Miguel Cózar y Carla Saz.

Cada fin de semana hay por lo menos un festival de lindy en alguna parte del mundo. Los más importantes son el International Lindy Hop Championships (Washington) y el Camp Hollywood (Los Ángeles), ambos en agosto; el Lindy Shock (Budapest), en octubre; el Snow Ball (Estocolmo), en Navidad; el Lone Star Championships (Texas), en marzo; y en verano, en Suecia, el Herräng Dance, una especie de campamento que dura cinco semanas en el que se concentran masterclass, fiestas y conciertos hasta el amanecer.

El negocio crece y firmas como Keds o Victoria ya patrocinan estas reuniones en las que el sentimiento de comunidad se respira por todas partes: muchos participantes ofrecen alojamiento en sus casas o comparten gastos. “Cada vez que tenía baja la moral me iba al Savoy, donde antes de poder decir “uf” ya se me había olvidado todo. Para mí el swinges la mejor medicina del mundo”, contaba Frankie Manning. Lo dicho: mucho más que un baile.

Fuente original: SMODA

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